La mayoría de las personas pensamos que ahorrar es sinónimo de reducir y controlar los gastos, y guardar esos recursos para el futuro. Sí, no estás equivocado, pero tampoco eso implica que estés del todo en lo cierto. Los tiempos cambian, los pensamientos y estrategias evolucionan, y nosotros debemos hacerlo con ello.

Por eso mismo, hoy en día el ahorro también puede verse como una estrategia para alcanzar unos objetivos. Y es que a través del ahorro las personas hacemos realidad muchos de nuestros sueños, pero para ello, no debemos entender el ahorro como trabajar más para ganar más, sino ahorrar más dedicando la misma cantidad de tiempo para luego disfrutarlo.

Desde el punto de vista de las finanzas personales, el ahorro debe verse como una forma de autoremuneración, como una actividad que permite conseguir los sueños sin trabajar más para lograrlo. Y para eso, debemos cambiar antes nuestro pensamiento. El ahorro es importante sí, pero tampoco hay que hipotecar el presente para prepararse para el futuro. Además hay que tener en cuenta la edad y, por tanto, adaptar la gestión de las finanzas a ella y a los objetivos que uno tenga.

Así es importante empezar a construir los cimientos. La etapa joven en la que uno empieza a trabajar es una en la que más márgenes de ahorros se obtienen. Por eso, los primeros ahorros deben dedicarse a crear ese “fondo de emergencias” para afrontar cualquier imprevisto. Una vez se supera esta etapa, la siguiente debe ser la de la acumulación, que suele coincidir con una renta mayor y con mayores gastos. Y por último, la etapa del mantenimiento. Se trata básicamente de mantener lo conseguido para, normalmente, recurrir en la jubilación.

A veces, si se es afortunado, incluso hay una última etapa: la de la repartición del patrimonio acumulado. Pero vamos… que lo de repartir el dinero entre tus hijos, nietos, seres queridos o beneficencia es pan comido comparado con el esfuerzo de conseguir todos esos ahorros. ¿O no?

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