Típico que te vas de viaje y cuando vuelves y te pones a hacer las cuentas te echas irremediablemente las manos a la cabeza. Sí, te lo has pasado muy bien pero se te ha ido la mano con los gastos. ¿La consecuencia? Empieza un rompecabezas en tus cuentas para volver a los números verdes. Sin embargo, no siempre tiene por qué ser así. Está claro que depende mucho del carácter de cada persona, pero con un poco de planificación y estos truquillos, cualquiera puede irse de viaje, no andar con el puño cerrado y, además, disfrutarlo.

Busca e infórmate del transporte. El asunto de moverse de un lado a otro parece que no pero puede ser una auténtica sangría. Lo mejor es analizar y estudiar las opciones disponibles antes de partir a tu destino. Ver precios, comparar los tiempos, etc. Es verdad que, a veces, un precio inicialmente caro puede ser mejor opción que uno más barato por temas de escala o duración del trayecto. Por eso, es importante tener una visión clara de todas las opciones y planificarse mínimamente cómo te vas a mover. A veces, también hay bonos de viaje para turistas, etc. ¡Ah!, recuerda que Uber, Cabify y otras apps similares pueden ser una buena opción. Sobre todo si vais un grupo grande y os registráis como nuevos usuarios. A veces te puedes mover incluso gratis gracias a las promociones.

Alojamiento. Otro punto importante. Cada uno decide dónde quiere alojarse, pero recuerda que, cuanto más ahorres en este paso, más presupuesto tendrás para otras actividades o ahorrar. Si no eres muy sibarita, piensa que no vas a vivir, sino solo dormir ahí. Visto así, no hace falta gastarse 150€ la noche, ¿verdad? En cualquier caso, no dejes el tema para el último momento. Entérate si hay ferias, festivales, conciertos o algún evento especial en la fecha de tu viaje. Si es así, te saldrá el precio por noche más caro de lo normal. Lo mejor: planificar y dejarlo todo cerrado para cuando ya estés haciendo el viaje. Así evitas sorpresas y sustos de última hora.

Comida. Este es un aspecto bastante complicado. Hay quienes viven para comer y quienes comen para vivir. Está claro que conocer un país y cultura implica también la gastronomía, pero no todos sienten la misma pasión ni les va el rollito gourmet. Si eres un turista que disfruta de la comida, está claro gastarás más que aquellos que no les mueve la gastronomía. En cualquier caso, hay un montón de aplicaciones hoy en día con las que conocer las mejores ofertas y promociones en las ciudades. Si quieres empaparte en la gastronomía del país, una opción interesante es fijarse dónde come la gente local. Los típicos lugares de turistas son siempre más caros y no por ello vas a comer mejor. Vayas donde vayas, márcate un presupuesto para comidas o, al menos, ponte un tope de gasto.

Regalos. Si eres de los que siempre llevan detallitos, ¡hazte un presupuesto! Y recuerda, ¡ni un euro más!, que luego te emocionas y no paras de comprar cosas para la gente.

Estar conectados. Hoy en día no sabemos vivir sin Internet. Sin embargo, cuando nos movemos fuera del país, estar conectados puede salir muy caro. Infórmate bien con tu operadora de cuál es la mejor opción. Es más, no te conformes con lo que ellos te digan y consulta en otras operadoras. También existen servicios como FreedomPop en los que, con una tarjeta SIM (de pago), puedes incluso disfrutar de un servicio móvil básico 100% gratis.

Emergencias e imprevistos. Siempre hay que dejar también un poco de dinero separado para cualquier emergencia o imprevisto. Por ejemplo, cuando se te va la mano con las compras y la maleta ahora pesa más. Pues eso, toca pagar los kilitos de más.

Seguro. Recuerda ver esto bien. A veces prevenir es mejor que curar (y nunca mejor dicho en este caso). Piensa que los gastos médicos en países como Estados Unidos pueden costarte un riñón y parte del otro. Por eso es mejor ser previsor. También, si tienes actividades programadas, hay alternativas o programas que te compensan con la cancelación. ¡Ah!, e incluso puedes contratar seguros para que, en caso de no poder realizar el viaje por trabajo, enfermedad u otras situaciones extraordinarias, no pierdas el dinero. Lo dicho, a veces es mejor prevenir que curar.

Y es que, lo mejor a la hora de viajar es hacerse un presupuesto y ser estrictos con este. Eso sí, para eso también hay que planificar, tener un montón de aspectos cerrados y buscar mucho e informarse bien. Algo que no todos los viajes están dispuestos a hacer o les gusta. Pero ya sabes… ¡quien algo quiere algo le cuesta! En este caso, cuesta tiempo y trabajo, pero al final acaba siendo más económico.

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